sábado, 23 de diciembre de 2017

Levantarse...

Vuelve a empezar

Levantarnos del pecado.
En estos tiempos los hombres hemos perdido el sentido de lo que es el pecado. Por los medios de comunicación social se inculca que el pecado ya no es pecado, y que es una forma de ejercitar la propia libertad, de llegar a vivir en plenitud. Ésta es una astucia del Maligno enemigo, que sabe que cuando en el mundo se llegue a la medida de pecado permitida por Dios, los castigos vendrán sobre la humanidad.
No esperemos que en el demonio haya algo de piedad o de amor, sino que en él hay sólo odio. Y si Dios nos ha dicho que no pequemos, no es para hacernos la vida difícil, sino porque es por nuestro propio bien, cosa que quiere esconder el Maligno. Él usa siempre las mismas astucias, porque desde que cayó, no puede cambiar sustancialmente en su forma de actuar, y así como a Eva la quiso convencer de que Dios era injusto porque mandaba cosas arbitrarias, así también nos lo quiere hacer creer a nosotros y nos dice “muerde” el fruto prohibido. Y nosotros, pobres incautos, muchas veces mordemos, y con ello nos viene la ruina temporal y eterna.
Si hemos tenido la desgracia de caer en pecado, no nos descorazonemos y volvamos a empezar, mediante una sincera y completa confesión con el sacerdote, porque los santos no fueron quienes nunca cometieron pecado, sino quienes jamás se cansaron de levantarse, de volver a empezar.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Adriana Varela - Garganta con Arena (EEEE)

Vicentico - Solo un Momento

Catecismo...

Repasando el Catecismo

12. ¿Qué es la Tradición Apostólica?
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La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo.
(Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)
Comentario:
La Tradición Apostólica es uno de los tres pilares en los que se apoya fe católica, los otros dos son la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia.
Por eso los protestantes se equivocan al tener solamente a la Biblia como fuente de verdad, y además ellos entienden la Biblia cada uno a su gusto, y no siguiendo las directrices de la Iglesia Católica, única verdadera intérprete de la Sagrada Escritura, que recibió de Dios mismo esa misión.
Porque hay muchas cosas que no están escritas en la Biblia, pero si están consignadas en la Tradición Apostólica y a las cuales hay que prestar fe, porque también son reveladas por Dios.
Por eso es muy bueno leer a los Padres de la Iglesia, donde se encuentra la verdad de Cristo y ser fieles a esta Tradición y entender la Biblia a la luz de esta Tradición Apostólica.
¡Alabado sea Dios!

jueves, 21 de diciembre de 2017

Oraciones...

Quince minutos con el Espíritu Santo

Templo del Espíritu Santo
Espíritu Santo, yo soy tu templo, donde tú habitas por medio de la gracia santificante. Quiero que cada día mi cuerpo sea más puro para acogerte a ti con amor. Hoy el mundo hace de todo para contaminar la pureza del cuerpo y del alma, por eso te pido con todo mi corazón que me protejas de todo mal, para que conserve la gracia en mi alma y así tú puedas habitar gustoso en mi ser. Enséñame a hablar contigo que estás en lo profundo de mi alma y a obedecerte en todo. Quiero que seas mi mejor Amigo y Consejero. Inúndame con tus siete sagrados dones para que en cada momento sepa lo que Dios quiere de mí y lo lleve con prontitud a la práctica. ¡Estoy tan contento de que seas mi Gran Amigo! Contigo no temo a nada porque tú eres Dios, eres el Amor, eres la Fuerza, eres el Todo. Teniéndote a ti, lo tengo todo y nada me hace falta. A partir de hoy quiero hablar contigo en la soledad de mi habitación, cuando trabaje, cuando me divierta, y en todo momento, porque tú eres el Huésped perfecto y estás siempre dispuesto a escucharme y mueves mi corazón a los grandes deseos y a las grandes obras. ¡Te amo, Espíritu de Amor, y quiero ser cada día más tuyo y menos del mundo, del demonio y de la carne! De tu mano espero llegar a la cima del monte de la santidad. ¡Ven Espíritu Santo!

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mensajes...

Mensaje espiritual

En el momento propicio.
El demonio es muy astuto, y si bien siempre está alrededor nuestro buscando devorarnos, es cierto también que él prefiere atacar en los momentos en que nos sentimos débiles y desanimados.
Esto mismo fue lo que hizo con Jesús, que en el desierto lo tentó justamente cuando el Señor, después de los cuarenta días de ayuno, sintió hambre, y es ahí mismo que se aparece el tentador y hace su obra.
También, al final de la vida terrena de Cristo, en el Huerto de Getsemaní, cuando Jesús tenía miedo por lo que le esperaba, fue ahí cuando Satanás lo tentó con todas sus fuerzas.
Y es bueno que tengamos esto presente, esta gran verdad, pues el demonio no nos tentará tanto cuando estamos perfectamente bien de salud y con mucho ánimo y esperanza, sino que lo hará cuando estemos enfermos, abatidos, desanimados, asustados. Porque hay que saber que el demonio es muy cobarde, y como dice San Ignacio de Loyola, hay que enfrentarlo y ponerse firme y no tenerle miedo, porque si le tenemos miedo él se envalentona, pero si lo enfrentamos, huye.
Un arma que utiliza muy a menudo el demonio es el arma del desaliento. ¡Cuántas veces habrá tratado de desalentar y desanimar a Jesús en su misión, mostrándole para cuántas almas sería inútil todo su sacrificio! Y Satanás no cambia en sus artes y sigue utilizando esta táctica, que tantas victorias le ha hecho obtener.
Entonces estemos en guardia y defendámonos de estos ataques del enemigo del alma, mediante la oración, los sacramentos, los sacramentales y, sobre todo, una confianza ilimitada en Dios y en María Santísima.
El demonio nos pinta el presente y el futuro de negro y quiere desanimarnos y descorazonarnos. No le demos el gusto y sigamos adelante con esperanza y más perseverancia. Pero esto solo lo podremos lograr con la oración frecuente, porque es a través de la oración que recibimos toda la fuerza y gracia de Dios para seguir en el combate y no sucumbir a sus maldades.

martes, 19 de diciembre de 2017

Evangelio del día...

Evangelio del día.

Martes 19/DIC/17.
Lc 1, 5-25.
Día 19.
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el ángel le dijo: “No temas; Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un pueblo bien dispuesto”. Pero Zacarías dijo al ángel: “¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada”. El ángel le respondió: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”. Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo. Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres”.
Reflexión:
El Arcángel Gabriel le anuncia a Zacarías que su oración ha sido escuchada y su mujer concebirá un hijo al que pondrá por nombre Juan. Pero Zacarías duda de lo que le dice el Ángel y como castigo quedará mudo hasta que se cumpla lo anunciado. Dios a veces nos puede castigar, pero siempre es por amor y está dispuesto a perdonarnos. Su castigo nos da tiempo para reflexionar, como a Zacarías, y después del perdón subimos a una más alta santidad. Por eso no temamos las correcciones de Dios porque si las sabemos aprovechar humillándonos bajo su poderosa mano y le pedimos perdón, hasta el mismo pecado servirá para crecer en santidad.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de no ofender a Dios, pero si por desgracia lo ofendemos, que nos arrepintamos al punto y no desconfiemos de la misericordia del Señor, que todo lo dispone para nuestro bien, incluso nuestras caídas.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.