sábado, 4 de julio de 2015

Elección...

Elección.

Ya lo ha dicho el Señor en el Evangelio, que quien quiera salvar su vida en este mundo, perderá la vida eterna. 
Y es que debemos tener bien presente que la vida terrena es un tiempo de preparación para entrar a la Vida verdadera, a la eternidad, que será de felicidad sin fin si obramos bien, y de horror sin medida si obramos mal. 
Hay que elegir, no se puede vivir esta vida gozando de todo, sin cortapisas ni límites, porque de esa manera perderemos el Cielo. 
Debemos aprovechar esta vida corta que tenemos para hacer penitencia y reparar por los pecados que hemos cometido, ya que reparar en el otro mundo es mucho más difícil en el Purgatorio, e imposible en el Infierno. 
No podemos tratar de seguir a Cristo y, al mismo tiempo seguir al demonio. Tenemos que elegir. Y el seguimiento de Cristo es por el camino de las huellas ensangrentadas del Señor. 
Pero no veamos todo tan negro, puesto que si nos decidimos a seguir a Jesús, tendremos dolores y padecimientos sí, y muchos, pero habrá en nosotros una veta de dulzura en lo profundo del alma, que los malos y los que gozan de este mundo no pueden conocer. 
Aparte ya Jesús nos ha dicho que su cruz y su yugo son livianos y fáciles de llevar, porque es el mismo Señor quien nos ayuda a llevarlos. 
Aprovechemos el tiempo de vida que tenemos en la tierra, para prepararnos a dar el salto a la eternidad, donde comienza realmente la Vida para siempre, o la Muerte eterna. 
Si pensáramos más en estas verdades, que son las verdades de siempre, pero que pocos meditan, no nos afligiríamos tanto por las pérdidas o ganancias de este mundo, ni por los fracasos y triunfos de esta vida, sino que veríamos todas las cosas desde otra perspectiva, la perspectiva cristiana, es decir, valorar cada cosa, cada acto como medio para ganar gloria, para reparar por el mal cometido y para demostrarle amor a Dios.

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