sábado, 5 de marzo de 2016

Pureza...

La infancia espiritual

Pureza.
Si queremos ser como niños, debemos ser puros de cuerpo y mente, puesto que los niños son puros, y quien es casto y puro tiene la inocencia de los niños en el corazón, y es grato a Dios.
La castidad da pureza a los sentidos y así se ve a Dios y las cosas de Dios con mayor claridad, pues como ha dicho el Señor en el Evangelio: son felices los puros de corazón porque verán a Dios.
En este mundo que ya desde la más tierna infancia trata de corromper a los niños, y a las almas de los que son como niños, pongamos un dique a tanta vorágine de corrupción e impureza, siendo como niños, castos en las miradas y en las palabras y pensamientos, que nuestro premio será grande, grandísimo, pues entenderemos mejor las cosas de Dios, y el Señor será nuestro amigo confidente, ya que a Jesús le gusta rodearse de los puros de corazón.
Pero aunque no tengamos nuestra pureza original, tratemos de volvernos puros a fuerza de penitencias, oraciones, sacrificios y con la ayuda de Dios, porque vale la pena mirar todo como lo mira Dios, con pureza y castidad, y ser amados por Dios con predilección.

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