viernes, 18 de mayo de 2018

Conocer...

Rayos de Fe

Conocer a Dios.
Este es el objetivo que cada hombre debería proponerse con la ayuda de la gracia: Conocer a Dios. Porque de ello depende todo lo demás.
Si conocemos a Dios, podremos amarlo, porque nadie ama lo que no conoce, y si tenemos que cumplir el primer mandamiento que dice que debemos amar a Dios sobre todas las cosas, entonces es necesario que conozcamos a ese Dios que tenemos la obligación de amar.
¿Y cómo conocer a Dios?
Conociendo a Jesucristo, porque como Él mismo lo ha dicho, quien lo ve a Él, ve al Padre, ya que el Padre está en Él y Él está en el Padre, y son una misma cosa con el Espíritu Santo.
Leamos y meditemos el Evangelio, porque no hay otro camino para conocer a Dios, que estudiar lo que hizo y dijo Jesucristo.
Hoy se leen infinidad de libros más o menos buenos. Algunos son realmente malos, incluso religiosos pero lleno de herejías. Dejemos de lado esos libros y leamos más el Evangelio, no sin antes invocar al Espíritu Santo para que nos lo ilumine, porque nada de lo que hizo o dijo el Señor es inútil o sin un motivo.
Tengamos más amor por la Palabra de Dios, también por el Antiguo Testamento. Leamos todos los días un texto de la Biblia, siguiendo las directrices de interpretación que nos da la Iglesia Católica, y así iremos conociendo a este Dios que es todo Misericordia.
Pero también tenemos otro modo de conocer a Dios y es a través de la Creación. Sí, a través del universo creado podemos conocer la bondad y amor del Creador.
Otro camino es considerar nuestra vida, todo lo que Dios ha hecho por nosotros desde que fuimos concebidos en el seno materno, y ver la mano providente y amorosa de Dios en los acontecimientos de la vida.
También conoceremos a Dios a través de la oración, del rezo del Rosario, meditando los misterios de Jesús y de María, y hablando con Dios, ya que Él mismo nos irá comunicando luces y gracias con las que tendremos una experiencia de Dios y lo conoceremos más profundamente.
Cuanto más lo conozcamos, tanto más lo amaremos, porque con Dios no sucede como con los hombres, que cuando conocemos más a una persona a veces nos desilusionamos; sino que con Dios, cuanto más lo conocemos, tanto más nos enamoramos de Él, más perfecto aparece a nuestro ojos y más digno de amor. Y en esto no hay límite. Es más, si Dios por su bondad nos mostrara aunque sea una partecita de lo que Él es, ya quedaríamos arrebatados, arrobados por su belleza y nos encenderíamos en amor hacia Él.
El que no ama a Dios es porque no lo conoce bien, ya sea porque no lo quiere conocer o tiene una idea equivocada de Él.
Por eso es tan útil que cuando nosotros lo conozcamos más profundamente por la oración, la meditación y le lectura de su Palabra, también lo demos a conocer a nuestros hermanos que poco o nada conocen de Él, así lo amarán también como nosotros y serán felices ya en la tierra, y luego para siempre en el Cielo.
 

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