sábado, 22 de diciembre de 2012

Mensaje de confianza...

Mensaje de confianza

Prepararnos. 
Para poder entonar el cántico del Aleluya bajo golpes que, naturalmente, deberían quebrantar nuestro coraje, es preciso conocer a fondo el Corazón de Nuestro Señor; es preciso creer ciegamente en su piedad misericordiosa y en su bondad omnipotente; es preciso tener la absoluta seguridad de que Él escoge, para sus intervenciones, la hora de las situaciones desesperadas. 
 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 
Comentario: 
En los momentos de paz y calma debemos acostumbrarnos a meditar en la bondad de Dios y de María, en que Ellos nos cuidan y TODO lo que sucede en nuestras vidas está bajo su control. Si hacemos así, entonces cuando lleguen las pruebas y las horas de oscuridad, tendremos confianza en Ellos, sabiendo que no nos abandonan, sino que llevan las riendas de todo.
¿A qué se debe que cuando sobrevienen las contrariedades y las horas de angustia, perdemos la paz y la confianza, dudamos de Dios y de su Madre? Se debe a que no estamos cimentados en la confianza en Ellos, por no haber meditado lo suficiente en esta verdad, por no haber hecho actos de confianza en Ellos durante el tiempo de bonanza.
Pero es justamente en la prueba que Dios quiere mostrar todo su poder y es cuando más mérito tenemos si confiamos ciegamente en Él.
Así que armémonos de la virtud de la confianza a toda prueba, meditando y rumiando siempre que Jesús y María nos protegen, nos cuidan y no dejarán que nos suceda algo realmente malo, pues Ellos todo lo encauzan para el bien nuestro y el bien de las almas.
Entonces sí que estaremos construyendo sobre roca, sobre la confianza en Jesús y en María, y los vientos y tempestades de la vida no podrán derribar nuestra casita, nuestra vida de gracia.


Navidad en Belén...

Navidad en Belén

Acercarse a Belén, es acercarse al mundo

de los sueños más hermosos.
Porque Belén no es una ciudad de nuestro mundo,
sino un rincón del corazón humano.

En Belén hemos nacido todos,
en Belén se apacienta nuestra infancia.
Aquí giró la historia, aquí nació la vida.
Hasta Belén, ser hombre era nacer para vivir rodando
por la cuesta del tiempo.

Desde Belén, ser hombre es aprender la enorme
aventura de escalar las alturas.
Aquí, ser hombre se convirtió en ser Hijo de Dios.
Aquí, el Dios de los cielos inició la locura

de volverse pequeño.
Por eso las campanas de Belén están locas,
repican y repican para explicarle al mundo
la alegría del cielo, para que todos sepan que el hombre
está salvado ahora que Dios se ha hecho hombre como nosotros.

Mirar, mirar las casas de Belén, apiñadas, apretadas
las unas a las otras, lo mismo que un rebaño aterido,
como un coro de monjas asustadas.
Mirar su letanía de agudos campanarios que señalan
al cielo con sus dedos alzados para decir a todos:
Por aquí vino Dios.

Contemplar el mercado, sus hombres y mujeres,
sus pobres baratijas, sus comidas caseras.
El Dios de las alturas nunca fue un exquisito,
ni una ciudad fría de gélidos burócratas,
sino en pobreza de los pobres más pobres,
en calles malolientes donde el hombre agita,
en un triste pueblo despreciado de todos.

No busquemos en Belén hermosas catedrales,
iglesias esplendentes, basílicas radiantes,
la flecha luminosa de las agujas góticas,
las vidrieras de fuego donde ardió el Medioevo.
Todo en Belén es pobre como el Dios que lo habita.
Y ahora..., pasar conmigo por la pequeña puerta
que conduce a la gruta.

Una puerta que tiene la estatura de un niño
y en la que hay que agacharse para poder entrar.
Porque para llegar hasta el Dios de los Cielos
sólo hay dos caminos:
la puerta de la infancia y la humildad.
Para ver a Jesús, es necesario doblar el espinazo del orgullo,
agachar la cabeza de nuestras importancias,
hacerse niños como Él se hizo.

Y ahora..., arrodillémonos: aquí ocurrió el prodigio,
aquí una Virgen Madre iluminó la tierra,
aquí por primera vez se oyó el llanto de Dios,
aquí la sangre humana se vio multiplicada,
aquí un diminuto corazón de chiquillo fue,

por primera vez, el corazón de Dios.
Aquí, entre estas paredes de humedad y de piedra,
entre dos animales asustados y atónitos,
nació aquel cuerpo y sangre que el hombre
comería por los siglos de los siglos.

Alejar nuestros ojos de los falsos adornos
que camuflan la gruta, no contemplemos;
las lámparas ni las raídas de sedas que quieren ocultar
el oro santo de la sencillez.
Cerrar más bien los ojos y asombrémonos.
Dejar que sea el corazón quien mire.

Y, después, alegrémonos igual que los pastores
que en esta misma gruta escucharon su anuncio:
Gloria a Dios en el Cielo.
Paz a los hombres de buena voluntad.

Levantar nuestras manos para dar también gloria
y dejar que la paz penetre en nuestra alma
como la gran nevada de la misericordia.
Dejar que, dos mil años después,
el Niño vuelva a nacer en nosotros,
convertir nuestras almas en el portal viviente.
Y sea nuestra casa como un nuevo Belén.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Danos tu Fé...


¡Dános tu fe, María!

Para que Dios nazca en nosotros sin pedir nada a cambio
y, sea nuestro corazón,
una cálida cuna donde Jesús encuentre cobijo y consuelo.

¡DÁNOS TU FE, MARÍA!
Para que, en estas horas de santa tensión,
donde el cielo y la tierra juegan a juntarse,
podamos también nosotros hambrear
el manjar de Amor que se sirve en Belén.

¡DÁNOS TU FE, MARÍA!
Queremos que, Tú, seas una puerta
por la que podamos entrar
y disfrutar del Misterio de Dios humanado.
Una puerta que, cuando se abra desde fuera,
entendamos y comprendamos
que es Dios quien lo hace desde dentro,
que es Dios quien tira desde el cielo.

¡DÁNOS TU FE, MARÍA!
Para que no vacilemos ni en el amor ni en la fe.
Para que nos pongamos en camino hacia Aquel que viene.
Para que seamos heraldos de la Buena Noticia.
Para que, el Niño que quiere salir de tus entrañas,
encuentre aquí y ahora,
hermanos que le amen, le ayuden y le sigan.

¡DÁNOS TU FE, MARÍA!
Para que Dios esté pronto con nosotros.
Para que nosotros, pronto estemos con Él.
Para que creamos, aun sin ver.
Para que aún sin ver, creamos por encima de todo.

¡DÁNOS TU FE, MARÍA!
Sólo así, podremos vivir, celebrar,
cantar y festejar el encanto de la Navidad.
Sólo así, en este Año Santo de la Fe,
podremos conocer, sentir, vivir,
amar, testimoniar y celebrar,
al DIOS que viene pequeño por Navidad.

P. Javier Leoz


Mensaje Eucarístico...


Mensaje eucarístico

Contra corriente. 
Los cristianos debemos ir a contracorriente del mundo, porque el mundo, hoy más que nunca, está en poder del Maligno, que es su príncipe, y nosotros tenemos que ir en contra de sus principios y máximas, si queremos ser fieles a Cristo y a su Evangelio.
Entonces, como Amigos del Santísimo Sacramento, debemos saber que las visitas que hacemos a Jesús Eucaristía, nos van templando para que esta lucha y este avanzar contracorriente se haga más fácil, porque el Señor, que ha vencido al mundo, desde la Eucaristía nos da la fuerza necesaria para oponernos a este mundo en manos de Satanás.
También encontraremos refugio a los pies del Sagrario, y consuelo, porque el tener que andar siempre nadando en contra de la corriente, nos cansa y muchas veces nos tiende a desanimar, entonces es necesario que vayamos a consolar nuestro corazón y a fortalecer nuestra voluntad al Corazón de Jesús, presente en el Santísimo Sacramento.
Jesús está sólo en el Sagrario, y nosotros muchas veces quedaremos también solos en medio de nuestra familia, en medio del mundo, porque por no querer seguir la moda, seremos proscritos y dejados de lado. Entonces será el momento de acudir al Solo del Sagrario, para hacernos compañía mutuamente y participar ya de la unión de las almas en gracia, de la Iglesia Militante, Purgante y Triunfante, todas presentes en el Tabernáculo, porque donde está Dios, está todo el Cielo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Meditation for today...


MEDITATION FOR TODAY

Purity of intention.

This is the sole purpose on Earth proponents holy souls, so that such falls and hurts the heart of God's love, which makes it break out in these terms: You stole my heart, my sister, my wife stole my heart with one glance of your eyes. This means looking at the wife has the sole purpose of having the soul as think and act, that is to please God. The mundane actions look at things with a lot of eyes, that is, with many disorderly intentions, to please the world, winning honors, getting of riches or at least indulge themselves, while the good souls have only targeted to please God in all their actions and repeat with David: Who but you there for me in heaven? And if I'm with you, I do not like Earth ...; rock and plot my God forever. And what else I want, my God, to Thee but only in this world? You are my only wealth, only Thou the only Lord of my heart. "Keep saying congratulations-San Paulino-powerful earthly riches, guard their realms monarchs, that Thou, my Jesus, you are my treasure, and my crown."

 "Practice love of Jesus Christ" - St. Alphonsus Liguori

Comment:

The intention is what gives value to the work, to any action, because if we do something for the love of God, then we deserve eternal glory, whereas if we make this work for the sake of money or honors, then it has no value for the Heaven.

It is necessary before taking any action, and all actions of the day, even the most ordinary, elevate the eyes and heart to God to make them for him, for his love, to please, and to win the prize for which He wants us give.

We like to save money and worldly goods. But we should like treasure to heaven with good works, all made of love for God and for his greater glory, thinking of Him, that He is happy with us. What greater happiness in this world will know that God is happy with us and what we do?

Therefore it is necessary to always purify our intentions, because otherwise Spot You best works with self-love, and so will have little or no value to God.


La pureza...


MEDITACIÓN DE HOY
Pureza de intención. 
Éste es el único fin que proponen en la Tierra las almas santas, fin que de tal modo enamora y hiere de amor al corazón de Dios, que le hace prorrumpir en estas expresiones: Me robaste el corazón, hermana mía, esposa; me robaste el corazón con una sola mirada de tus ojos. Este mirar de la esposa significa el único fin que ha de tener el alma en cuanto piense y obre, que es agradar a Dios. Los mundanos en sus acciones miran las cosas con muchos ojos, esto es, con muchas intenciones desordenadas, de agradar al mundo, conquistar honores, allegar riquezas o al menos complacerse en sí mismos, en tanto que las almas buenas no tienen más que la mira de agradar a Dios en todas sus acciones y repiten con David: ¿Quién sino tú hay para mí en los cielos? Y si contigo estoy, la Tierra no me agrada...; roca y parcela mía Dios por siempre. Y ¿qué otra cosa he de querer, Dios mío, sino a Vos solamente en este mundo? Sólo Vos sois mi riqueza, sólo Vos el único Señor de mi corazón. “Conserven enhorabuena –decía San Paulino- sus riquezas terrenas los poderosos, guárdense sus reinos los monarcas, que Vos, Jesús mío, sois mi tesoro y mi corona.”
 “Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 
Comentario: 
La intención es lo que da valor a la obra, a cualquier acción, porque si hacemos algo por amor a Dios, entonces merecemos la gloria eterna; en cambio si hacemos esa obra por amor al dinero o a los honores, entonces no tiene valor para el Cielo.
Es necesario que antes de emprender alguna acción, y todas las acciones del día, incluso las más ordinarias, elevemos la mirada y el corazón a Dios para hacerlas por Él, por su amor, para agradarle, y para conquistar el premio que Él nos quiere dar.
Nos gusta ahorrar dinero y bienes terrenales. Pero más nos debe gustar atesorar para el Cielo, con las buenas obras, realizadas todas por amor a Dios y para su mayor gloria, pensando en Él, para que Él esté contento de nosotros. ¿Qué mayor felicidad tendremos en este mundo que el saber que Dios está contento de nosotros y de lo que hacemos?
Por eso es necesario que siempre purifiquemos nuestras intenciones, porque de lo contrario mancharemos las mejores obras con amor propio, y así tendrán poco o ningún valor para Dios.

Esperanza...


La esforzada y gratuita esperanza

Bien mirado en la espera nos gastamos todo el año.
Largos ratos nos pasamos a diario en las esperas.
En la espera de médico, o en la del autobús.
En el metro, en la tienda, en la esquina,
el butano, el cartero, el amigo
que vuelve desde lejos...

iTanto tiempo esperando!
Por eso, quizá, nos aburrimos
y quedamos dormidos
como aquellas muchachas de las bodas,
de que habla Cristo en el Evangelio.

Adviento nos despierta como un grito,
sirena de la fábrica de Dios,
que despabila y ahuyenta nuestro sueño,
nos invita al trabajo por el Reino,
a desbrozar los caminos del Señor.

Él vendrá en todo caso.
Su palabra no nos puede faltar ni traicionarse.
¡Mas tengamos cuidado!
Sólo aquel que sepa prepararse
lo podrá descubrir, cuando venga
con sus rostros tan distintos y, a veces,
oscuros, misteriosos y hasta desconcertantes.

Aunque yo me prepare, su venida
siempre será un regalo que no puedo
con el oro del mundo comprar ni merecer.
Mas, si no me preparo –con su ayuda también–,
estaré ciego y sordo cuando pase;
cruzará por mi vera, y entonces no sabré
descubrir su presencia y poderle acoger.

Como una estrella nueva, Jesús de Nazaret
pasaba por su pueblo, dándose a conocer.
Era el pueblo elegido, llamado; y, sin embargo,
sólo supieron verle los pobres y sencillos,
los pastores, José y María, su Madre,
la esclava del Señor, abierta a la Esperanza,
la Esperanza de Dios.
Adviento es nuestro esfuerzo.
Navidad es su Don.                        

Alberto Iniesta