lunes, 14 de mayo de 2018
viernes, 11 de mayo de 2018
Poder...
Poder de la Coronilla. |
Dos casos aparecen en el Diario de Santa María Faustina que envuelven tormentas, #1731 y # 1791, y en ellos ella usa la Coronilla de la Divina Misericordia como un látigo poderoso:
“Hoy me despertó una gran tormenta, el viento estaba enfurecido y llovía como si hubiera un huracán, a cada rato caían rayos. Me puse a rogar que la tempestad no causara ningún daño; de repente oí estas palabras: Reza la coronilla que te he enseñado y la tempestad cesará. En seguida he comenzado a rezar la coronilla y ni siquiera la he terminado cuando el temporal ha cesado y oí estas palabras: A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad.” (1731)
“Cuando se acercaba una gran tormenta me puse a rezar la coronilla. De repente oí la voz de un ángel: no puedo acercarme con la tempestad, porque el resplandor que sale de su boca me rechaza a mí y a la tormenta. Se quejaba el ángel con Dios. De súbito conocí lo mucho que habría de devastar con esa tempestad, pero conocí también que esa oración era agradable a Dios y lo potente que es la coronilla.” (1791)
Fue el 22 de mayo, cuando ocurrió el siguiente incidente y la Hermana Faustina lo anotó para mostrar el poder que Jesús mismo le atribuyó a la coronilla de la Divina Misericordia, que Él le enseñó:
“Hoy el calor es tan intenso que es difícil soportarlo. Todos estamos sedientos por la lluvia, y ella todavía no viene. Por muchos días el cielo ha estado nublado, pero no llueve. Cuando miro a las plantas, sedientas de agua, sentí mucha compasión y decidí rezar la coronilla, hasta que el Señor nos mandara lluvia. Antes de la cena, el cielo se cubrió de nubes, y una fuerte lluvia cayó sobre la tierra. Yo había estado rezando esta plegaria por tres horas sin cesar. Y el Señor me ha dado a conocer que a través de esta oración se puede obtener todo”. (1128)
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jueves, 10 de mayo de 2018
Descuido...
Descuido de los mortales en aliviar a las Almas del Purgatorio
Punto Primero. - ¡Pobres almas! ¡Están padeciendo tormentos y penas inexplicables: no pueden merecer, ni esperar alivio sino de los vivos; y éstos, nosotros, ingratos, no cuidamos de ellas! Tienen ellas en el mundo tantos hermanos, parientes y amigos, y no hallan, como José, un Rubén piadoso que las saque de aquella profunda cisterna. Sus tinieblas son más dolorosas que la ceguedad de Tobías, y no encuentran un Rafael que les dé la vista deseada, para contemplar el rostro hermosísimo de Dios. Se abrasan en más ardiente sed que el criado de Abraham, y no hallan una solícita Rebeca que se la alivie. Son infinitamente más desgraciadas que el caminante de Jericó y el paralítico del Evangelio. Pero no encuentran un samaritano u otra persona compasiva que las consuele.
¡Pobres almas! ¡Qué gran tormento es para ustedes este olvido de los mortales! ¡Podrían tan fácilmente aliviarlas y libertarlas del Purgatorio; bastaría una misa, una Comunión y un Vía Crucis, una indulgencia que aplicasen; y nadie se preocupa de ofrecerlas por ustedes!
¿Y quiénes son esos ingratos? ¡Son sus mismos parientes y amigos, sus mismos hijos!. Ellos se alimentan y recrean con los bienes o posibilidades que ustedes les dejaron, y ahora, como desconocidos, no se acuerdan ya de ustedes.
¡Pobres almas! Con mucha más razón que David pueden ustedes decir: si alguien que no hubiese nunca recibido ningún favor de mi parte, si un enemigo me tratara así por doloroso que me fuera, podría soportarlo con paciencia: ¡pero tú, hijo mío, hermano, pariente, amigo, que me debes tantos beneficios; tú, hijo mío, por quien pasé tantos dolores y noches tan malas; tú, esposo; tú, esposa mía, que tantas pruebas recibiste de mi amor, siendo objeto de mis desvelos y blanco de mis incesantes favores: que tú me trates así; que, descuidando los sufragios que tanto te encargué me dejes en este fuego, sin querer socorrerme! ¡Ésta sí que es una ingratitud y crueldad superior a todo lo que podemos pensar!
Punto Segundo. - ¡Pobres almas! Pero más pobres e infelices seremos nosotros, si no las socorremos. Acuérdate, nos gritan los difuntos a nosotros, de cómo he sido yo juzgado: porque así mismo lo serás tú:A mí ayer; a ti hoy. Tú también serás del número de los difuntos, y tal vez muy pronto. Y por rico y poderoso que seas, ¿qué sacarás de este mundo? Lo que nosotros sacamos, y nada más: las obras. Si son buenas, ¡qué consuelo! Si malas, ¡qué desesperación! Como tú hayas hecho con nosotros, harán contigo.
¿Lo oyes? Si ahora eres duro e insensible con las benditas Almas del Purgatorio, duros e insensibles serán contigo los mortales, cuando tú hayas dejado de existir. Y no es éste el parecer de un sabio; es el oráculo de la Sabiduría infinita, que nos dice en San Mateo: Con la misma medida con que midiereis, seréis medidos. Sí; del mismo modo que nos hubiésemos portado con las almas de nuestros prójimos, se portarán los mortales también con nosotros. ¡Ay de aquel que no hubiese practicado misericordia, porque le espera, dice el apóstol Santiago, un juicio sin misericordia. ¿Y no tiemblas tú, insensible para con los difuntos? Si lleno de indignación, el Juez supremo arroja al infierno al que niega la limosna a un pobre, que tal vez era enemigo de Dios por el pecado, ¿con cuánta justicia y rigor condenará al que niegue a sus amadísimas esposas los sufragios de los bienes que les pertenecían?
miércoles, 9 de mayo de 2018
Sto Evangelio...
Evangelio del día.
martes 8/MAY/18.
Jn 19, 25-27.
Nuestra Señora de Luján. Patrona de la Argentina.
Junto
a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María,
mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella
al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu
hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde
aquella Hora, el discípulo la recibió como suya.
Reflexión:
Hoy en Argentina celebramos a Nuestra Señora de Luján, que es la Patrona de nuestra nación.
Y
en este pasaje del Evangelio vemos cómo el Señor, en el momento más
crítico de su misión, entrega a su Madre al apóstol amado, y en él, nos
la entrega a todos los hombres.
Es
que María es verdaderamente nuestra Madre, porque es Madre de la gracia
de nuestra alma, y la gracia es la vida del alma, así que María es
verdadera Madre nuestra.
Dice
San Luis María Grignion de Montfort que a quien Dios lo quiere hacer
muy santo, lo hace muy devoto de María. Por eso nosotros debemos tener
una muy grande devoción y amor a la Santísima Virgen, que es como el
secreto que Dios nos da para que alcancemos el Paraíso en corto tiempo.
Sí, el devoto de María nunca se perderá y siempre saldrá vencedor contra todos sus enemigos.
Hoy
el demonio, valiéndose del ateísmo marxista, quiere sumergir con sus
errores a la Santísima Virgen y sus privilegios. Entonces ha llegado el
tiempo de que nosotros, sus hijos, la defendamos y la ensalcemos como
Ella se merece.
Porque
María es la que aplastará la cabeza de la serpiente infernal y la que
vencerá a este enorme Dragón rojo del comunismo que quiere dominar todo
el mundo.
Confiémonos
a María y confiemos ciegamente en Ella y en su protección y ayuda, que
no quedaremos defraudados ni confundidos, y por más que todo el Infierno
nos haga la guerra, con María saldremos triunfadores.
Pidamos
a la Santísima Virgen la gracia de acudir a Ella constantemente
implorando su auxilio y compartiendo la vida con Ella, preguntándole a
cada momento qué es lo que Ella quiere que hagamos, para que María nos
guíe a cumplir la voluntad de Dios y la misión que cada uno de nosotros
tenemos sobre la tierra.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.
martes, 8 de mayo de 2018
Mensajes...
Mensaje de la Virgen en Medjugorjie...
Mensaje del 2 de mayo de 2018
“Queridos hijos, mi Hijo, que es la luz del amor, todo lo que ha hecho y hace, lo hace por amor. Así también ustedes, hijos míos, cuando viven en el amor y aman a su prójimo, hacen la voluntad de mi Hijo. Apóstoles de mi amor, háganse pequeños. Abran sus corazones puros a mi Hijo para que Él pueda actuar por medio de ustedes. Con la ayuda de la fe, llénense de amor, pero, hijos míos, no olviden que la Eucaristía es el corazón de la fe: es mi Hijo que los nutre con su Cuerpo y los fortalece con su Sangre. Este es el milagro del amor: mi Hijo, quien siempre y nuevamente viene vivo para dar vida a las almas. Hijos míos, al vivir en el amor hacen la voluntad de mi Hijo y Él vive en ustedes. Hijos míos, mi deseo materno es que lo amen cada vez más, porque Él los llama con su amor, les da amor para que lo difundan a todos alrededor de ustedes. Como Madre, por medio de Su amor, estoy con ustedes para decirles palabras de amor y de esperanza, para decirles palabras eternas y victoriosas sobre el tiempo y sobre la muerte, para invitarlos a ser mis apóstoles del amor. ¡Les doy las gracias!”
Mensaje del 2 de mayo de 2018
“Queridos hijos, mi Hijo, que es la luz del amor, todo lo que ha hecho y hace, lo hace por amor. Así también ustedes, hijos míos, cuando viven en el amor y aman a su prójimo, hacen la voluntad de mi Hijo. Apóstoles de mi amor, háganse pequeños. Abran sus corazones puros a mi Hijo para que Él pueda actuar por medio de ustedes. Con la ayuda de la fe, llénense de amor, pero, hijos míos, no olviden que la Eucaristía es el corazón de la fe: es mi Hijo que los nutre con su Cuerpo y los fortalece con su Sangre. Este es el milagro del amor: mi Hijo, quien siempre y nuevamente viene vivo para dar vida a las almas. Hijos míos, al vivir en el amor hacen la voluntad de mi Hijo y Él vive en ustedes. Hijos míos, mi deseo materno es que lo amen cada vez más, porque Él los llama con su amor, les da amor para que lo difundan a todos alrededor de ustedes. Como Madre, por medio de Su amor, estoy con ustedes para decirles palabras de amor y de esperanza, para decirles palabras eternas y victoriosas sobre el tiempo y sobre la muerte, para invitarlos a ser mis apóstoles del amor. ¡Les doy las gracias!”
lunes, 7 de mayo de 2018
Nuestro bien...
Para nuestro bien.
13 de enero de 1968
Rvdo. P. Luis Larrauri, C. SS. R.
Rvdo. P. Luis Larrauri, C. SS. R.
Reverendo Padre:
Necesito escribirle. No puedo callar.
¿Por qué...?
¡Porque de la abundancia del corazón, habla la lengua! Y es tanta la gratitud que debo a la Virgen Santísima, que no puedo represar mis sentimientos y tengo como una necesidad imperiosa de contar, de proclamar, de exaltar las bondades de la Virgen María.
¿Que qué le debo?
Pues todo...
Estuve en peligros de muerte, y me salvó.
Deseaba luces para mis estudios, y me las concedió.
Anduve al margen de la Ley de Dios, y me sacó del extravío, mediante la gracia extraordinaria eficaz de la conversión.
¿Y sabe, Padre, cómo y por qué conseguí todo esto?
Porque desde niño y todos los días –¡aun en los días “malos”!– la invoqué rezando las tres Avemarías, con las que le recordaba el gran poder, sabiduría y amor que le concedieron el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo...
Tengo la firme convicción –formada a fuerza de experiencia personal y observación de lo ocurrido a otros– de que esta práctica de piedad diaria libra del mal... Aparta de la impureza, consuela en el dolor, alienta en las tribulaciones, ayuda en las necesidades, convierte al pecador, mejora incluso a los justos.
¡Por esto mis ganas de gritar a todas las gentes: “Para vuestro bien, no descuidéis ningún día el rezo de las tres Avemarías”!...
Besa su mano.
Vicente-Jesús de España.
Necesito escribirle. No puedo callar.
¿Por qué...?
¡Porque de la abundancia del corazón, habla la lengua! Y es tanta la gratitud que debo a la Virgen Santísima, que no puedo represar mis sentimientos y tengo como una necesidad imperiosa de contar, de proclamar, de exaltar las bondades de la Virgen María.
¿Que qué le debo?
Pues todo...
Estuve en peligros de muerte, y me salvó.
Deseaba luces para mis estudios, y me las concedió.
Anduve al margen de la Ley de Dios, y me sacó del extravío, mediante la gracia extraordinaria eficaz de la conversión.
¿Y sabe, Padre, cómo y por qué conseguí todo esto?
Porque desde niño y todos los días –¡aun en los días “malos”!– la invoqué rezando las tres Avemarías, con las que le recordaba el gran poder, sabiduría y amor que le concedieron el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo...
Tengo la firme convicción –formada a fuerza de experiencia personal y observación de lo ocurrido a otros– de que esta práctica de piedad diaria libra del mal... Aparta de la impureza, consuela en el dolor, alienta en las tribulaciones, ayuda en las necesidades, convierte al pecador, mejora incluso a los justos.
¡Por esto mis ganas de gritar a todas las gentes: “Para vuestro bien, no descuidéis ningún día el rezo de las tres Avemarías”!...
Besa su mano.
Vicente-Jesús de España.
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