sábado, 30 de enero de 2016

UB40 - Can't help falling in love (Sub Ingles - Español)

Conocer...

Conociendo a Jesucristo

Jesús el que espera.
Jesús es el que espera. Espera a las almas que vuelvan al camino del bien. Espera a los hombres a que se arrepientan de sus malas acciones, para perdonarlos. Nos espera a nosotros, que tantas veces le traicionamos o, al menos, lo desilusionamos, porque no obramos de acuerdo a su amor.
Cristo tiene paciencia con las almas, y las espera hasta el fin.
Él tiene paciencia con nosotros, porque mientras vivimos en este mundo somos débiles y estamos a tiempo de cambiar y volvernos buenos.
Jesús usa de misericordia en este tiempo, pues tiene toda la eternidad para castigar a quienes se empecinen en ser malos.
Por eso no tomemos la paciencia de Jesús como una debilidad sino como un signo de su infinito amor por nosotros. No juguemos con la paciencia de Cristo, sino aprovechémosla para hacernos mejores, porque para eso el Señor espera y tiene paciencia con nosotros.
No dilatemos más el tiempo de correr a los brazos del Señor, que sólo sufre por no poder estrecharnos hoy mismo a su Corazón.
No hagamos sufrir al Sagrado Corazón de Jesús, que se consume en deseos de abrazarnos y colmarnos de gracias y dones de todas clases con tal de que nosotros dejemos el pecado y el mal, y vayamos al regazo de Cristo.
¡Alabado sea Jesucristo!

viernes, 29 de enero de 2016

Evangelio del día...

viernes 29/ENE/16

Evangelio del día.

Mc 4, 26-34.
Trabajo escondido.
Jesús decía a sus discípulos: “El reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. También decía: “¿Con qué podríamos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Y con muchas parábolas como éstas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
Reflexión:
Con estas parábolas el Señor nos explica que el Reino de Dios al comienzo es algo muy pequeño, pero va creciendo sin pausa hasta que se convierte en algo muy grande. Así sucedió por ejemplo con los Apóstoles, que eran solo doce hombres y ahora la Iglesia está extendida por todo el mundo. También en nuestra vida ocurre algo similar. A veces nos parece que Dios no está cerca nuestro, pero Él trabaja escondido como la semilla de la parábola y cuando menos nos demos cuenta veremos los admirables frutos que se han producido en nosotros. Si no vemos estos frutos en la tierra, sí los veremos cuando estemos en la Gloria del Cielo.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de no desanimarnos y tener una fe firme y perseverar pacientemente aunque no veamos los frutos, estando seguros de que el Reino de Dios está creciendo en nosotros y a nuestro alrededor.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

Promesa...

Divino Niño Jesús - Promesa

En el año 1636 Nuestro Señor le hizo a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento una promesa que se ha hecho muy famosa:“Todo lo que quieras pedir, pídemelo por los méritos de mi infancia, y tu oración será escuchada”.
Los Padres Carmelitas y las Hermanas Carmelitas, siguiendo el ejemplo de sus santos fundadores, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, se han propuesto propagar donde quiera que llegan la devoción al Milagroso Niño Jesús, que consiste en honrar los 12 primeros años de Jesús en la tierra, los años de su infancia, y por los méritos que Jesús ganó en sus 12 años de niñez, pedir a Dios todos los favores que necesitamos.
Muchísimos devotos en el mundo entero han hecho el ensayo de pedir favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús, y han obtenido favores admirables.

jueves, 28 de enero de 2016

Cuaresma...

No esperemos a Cuaresma.

No esperemos a Cuaresma para hacer sacrificios por la salvación de las almas, pues en todo tiempo hacen falta ofrecimientos y pequeños sacrificios para redimir a los hombres. 
Recordemos que cada pequeño sacrificio que hacemos, obtenemos un bien para las almas, y también para los cuerpos, porque por ejemplo si nos privamos de comer un postre, tal vez un pobre, en alguna parte, reciba un pan. 
Y así debemos ver nuestros sacrificios, como medios de socorrer las necesidades de los hermanos. 
Una palabra de ira que no dejamos que salga de nuestros labios, puede obtener que en alguna parte se evite un homicidio. 
Dios tiene en cuenta nuestros vencimientos, porque los hombres estamos unidos por la Comunión de los Santos y toda la humanidad es solidaria, es decir, forma una sola cosa. De modo que si uno peca, ese pecado afecta a todos; y si uno se santifica, ese bien beneficia a todos. 
Hagamos pequeños sacrificios. Hay tantas cosas mínimas que podemos hacer cada día, y muchas veces por día, que por ser mínimas no nos vendrá ninguna soberbia en hacerlas, pero sin embargo llevaremos muchos beneficios a los hermanos cercanos o lejanos, y que quizás sólo en la otra vida conoceremos hasta dónde llegó el bien que hicimos con nuestras renuncias. 
Dios perdona mucho, por el ofrecimiento de unos pocos. Porque Dios es infinitamente generoso, y sabe multiplicar nuestros pequeños vencimientos y premiarlos con cosas grandes. 
De modo que no esperemos a Cuaresma para hacer sacrificios, sino hoy mismo comencemos a hacerlos. 
Por ejemplo, tenemos mucha sed, sirvámonos un vaso de agua y no lo bebamos enseguida, sino esperemos un minuto por amor a Dios y a los hermanos, y ofrezcamos ese padecimiento por las almas. Quizás un hermano, en alguna parte, reciba un vaso de agua, calme su sed material o espiritual. 
¿Queremos ver con curiosidad una vidriera? Pasemos por allí sin mirar, y entonces alguien, en alguna parte, recibirá un don, encontrará el bien. Y así en todo. Obremos por amor a Dios y a los hombres, y entonces seremos felices ya en este mundo, porque aunque no salgamos a misionar al África, igualmente seremos grandes misioneros, sin siquiera salir de nuestra casa. 
Hagamos así y veremos los maravillosos frutos de esta práctica, que no es nueva, pero que al verla desde esta óptica, dan ganas de llevarla a cabo.

miércoles, 27 de enero de 2016

Transición...

De pecadores a santos

De grandes pecadores a grandes santos.
La Misericordia de Dios puede hacer que de un gran pecador surja un gran santo.
La historia de la Iglesia está plagada de estos grandes cambios, por ejemplo María Magdalena, que se ser una gran pecadora, llegó a ser una grandísima santa, de modo que tuvo la gracia de acompañar al Señor en los momentos tremendos de su Pasión, y verlo resucitado, ella la primera, según el relato evangélico.
Así que no estamos perdidos, porque aunque seamos grandes pecadores. Es más, justamente porque somos quizás grandes pecadores, es entonces que Dios nos concede la oportunidad de llegar a ser grandes, grandísimos santos.
Estamos a tiempo todavía, porque mientras hay vida, hay esperanza, y podemos cambiar con la ayuda de Dios.
No nos espanten nuestros muchos, innumerables y tal vez gravísimos pecados, porque si se los entregamos a la Misericordia de Dios, ella los cambiará en virtudes y santificación.
Y recordemos que Dios nos espera hasta el último momento, porque así como el buen ladrón se santificó en pocos minutos antes de su muerte, así también nosotros podemos convertirnos un momento antes de nuestro final en este mundo.
Eso sí, no juguemos con Dios, porque si tenemos la oportunidad de cambiar, pero lo postergamos hasta el último momento, es también cierto que de Dios nadie se burla, y nos puede suceder que no tengamos esa última oportunidad al final.
Siempre será verdad aquello que cantaron los Ángeles en Belén: “Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Debemos, entonces tener buena voluntad, porque si queremos engañar a Dios y engañarnos nosotros mismos, postergando nuestra conversión, puede ocurrir que nunca lo logremos y terminemos en el abismo de fuego para siempre.

martes, 26 de enero de 2016

Tibieza...

No a la tibieza.
Sitio Conviértanse, 25 Jan 11:18 AM

Hoy la Iglesia celebra la Conversión de San Pablo, apóstol, quien no fue tibio, sino que de la frialdad y persecución contra los cristianos, pasó a ser el gran apóstol de los gentiles.
Es un buen momento para preguntarnos si quizás no estamos un poco instalados en nuestro cristianismo, y lo disfrutamos nosotros solos, sin tratar de comunicar la fe y la esperanza a los demás hombres.
El Señor nada quiere de almas tibias. Es tiempo entonces de hacernos ardorosos apóstoles de Cristo, a la manera de San Pablo.
Pero para ello necesitamos que se nos aparezca Jesús en el camino, como se le apareció a Pablo, y así nos haga caer del caballo. Es decir, que tenemos que encontrarnos con Jesús en la oración, y quizás aprovechar los reveses de la vida para enfervorizarnos y decidir, de modo definitivo, servir a Dios y extender su Reino por el mundo.
Que San Pablo nos ayude a salir del estancamiento espiritual en que quizás estamos, porque los tiempos son difíciles, y Dios cuenta con nosotros para hacer su revolución de amor. No desilusionemos al Señor.
¡San Pablo, ruega por nosotros!